Volver
DOCUMENTOS GUIA

MANIFIESTO DEL IV CONGRESO ESTATAL DEL VOLUNTARIADO (I JORNADAS MEDITERRÁNEAS DE VOLUNTARIADO), CELEBRADO EN VALENCIA ESPAÑA, DEL 22 AL 25 DE NOVIEMBRE DE 2000

Las personas asistentes al IV Congreso Estatal del Voluntariado (I Jornadas Mediterráneas del Voluntariado), celebrado en Valencia (España) durante los días 22 a 25 de noviembre de 2000, desean hacer llegar a la sociedad española y a las de los restantes países del arco mediterráneo el resultado del proceso de reflexión y debate que, en torno a la realidad, problemática y perspectivas del futuro del voluntariado, ha tenido lugar en dicho encuentro, mediante el siguiente Manifiesto:

CONSIDERANDO
      Que en las sociedades democráticas actuales el papel de la sociedad civil organizada, en colaboración con los demás actores sociales y poderes públicos, resulta fundamental para la determinación y ejecución de las políticas de bienestar.

      Que dicha participación social constituye un ejercicio de profundización democrática inherente a una sociedad moderna, que contribuye firmemente a la cohesión política y social y a la consolidación de las estructuras y principios en los que se sustenta el Estado Social de Derecho.

      Que la actuación voluntaria y altruista de los ciudadanos a través de las organizaciones sociales constituye un elemento esencial e indispensable para el funcionamiento de la sociedad participativa, e indicativo del nivel de compromiso asumido por cada sociedad con los valores de la solidaridad y del respeto a la dignidad humana.

      Que el voluntariado, como expresión genuina de la actuación solidaria, debe traspasar los límites geográficos, políticos, religiosos y culturales, expandiendo su acción en un contexto universalista y unificador del género humano.

      Que en este contexto globalizador el debate y la reflexión conjunta resultan enriquecidos con las aportaciones derivadas del factor multicultural y de los diferentes rasgos de índole política, económica, étnica, cultural y religiosa que configuran la realidad social de los países del área mediterránea.

      Que el 2001, proclamado Año Internacional del Voluntariado por la Asamblea General de Naciones Unidas, constituye el marco adecuado para continuar profundizando en la reflexión de los temas planteados en este Congreso y, en concreto, los relativos a la significación del voluntariado en la conformación de una sociedad solidaria y a su relación con la defensa de los derechos humanos; al papel del Tercer Sector como factor dinamizador de la política económica y social; a la problemática derivada de los flujos migratorios y a las fórmulas de cooperación entre los países de la cuenca mediterránea; y, finalmente, a los nuevos cauces y expresiones del voluntariado en las sociedades modernas y a su perspectiva de futuro desde una estrategia de compromiso compartido. Fruto de esta reflexión y como líneas de actuación inmediatas que habrán de permitir seguir avanzando en el perfeccionamiento y la eficacia de la acción voluntaria, los participantes en este Congreso presentan las siguientes

CONCLUSIONES
     
El movimiento voluntario, como portador de valores éticos, como factor de cohesión social y como ejercicio de participación democrática, debe ser objeto del adecuado reconocimiento, en la figura de los voluntarios y de las organizaciones que los acogen, situándolo en el nivel de atención y prestigio social que por su importancia le corresponde. En tal sentido y en línea con las recomendaciones de Naciones Unidas para el Año Internacional del Voluntariado, se insta a los poderes públicos de todos los países representados en el Congreso al establecimiento de los instrumentos y cauces normativos, financieros y operativos en general, para facilitar la labor de los voluntarios y para propiciar la consecución de sus objetivos.

      Asimismo, la importancia que para las sociedades modernas y avanzadas reviste el contar con un tejido social sólido, activo y con capacidad de actuación en el diseño y ejecución de las políticas sociales, hace necesario que desde las Administraciones Públicas se impulse y promueva la consolidación de estructuras organizativas de carácter solidario y el fortalecimiento del movimiento asociativo. A este esfuerzo se convoca también a las restantes instancias de la sociedad civil (empresariales, educativas, etc.), igualmente comprometidas con la generación y distribución del "dividendo social", para la búsqueda de fórmulas de colaboración con el sector no lucrativo, que contribuyan a un mejor aprovechamiento de las sinergias sociales, desde el pleno desarrollo de un compromiso compartido.

      El movimiento de acción solidaria, motor de transformación social, ha de encerrar en sí mismo la capacidad de retroalimentación que le permita continuar generando respuestas adecuadas, en cada momento, a las demandas y necesidades cambiantes de una sociedad asimismo en transformación. A tal efecto, debe ser capaz de asimilar y aprovechar las emergentes potencialidades ofrecidas por el desarrollo de las nuevas tecnologías que propician, asimismo, la aparición de nuevos cauces y expresiones del voluntariado, en el actual contexto económico y de universalización de la comunicación.

      Dicho aprovechamiento debe estar presidido por el claro objetivo de evitar la profundización de la fractura social que esas potencialidades pueden producir, en un mundo con tendencia cada vez mayor a la concentración económica y del conocimiento y, en consecuencia, a una mayor expansión de los núcleos de exclusión social.

      La incorporación de los valores éticos a todas las facetas y actividades de la vida social, política, económica o laboral, exige la realización de un esfuerzo especial y permanente de concienciación en el ámbito educativo, tanto a nivel escolar como universitario, en su condición de potenciales yacimientos de voluntariado y de forja de futuros profesionales socialmente comprometidos. Igualmente, y en orden a conseguir la mayor eficacia de la acción voluntaria, se hace necesario resaltar la importancia de una formación rigurosa y especializada de los voluntarios, en función de la capacitación exigida por la singularidad de su respectiva actuación y del colectivo específico al que la misma se dirige. Estos procesos formativos, que han de extenderse también a los propios gestores de las organizaciones solidarias, deben ser apoyados por los poderes públicos, desde el señalado contexto de modernización y eficacia de la acción voluntaria, asumido como responsabilidad compartida.

      El trabajo de concienciación y de expansión del compromiso voluntario debe extenderse a todo lo largo de la vida, abarcando también a otros segmentos o tramos de población que guardan un ingente caudal solidario, aún no debidamente aprovechado, como es el caso de las personas mayores -jubiladas o prejubiladas-, las amas de casa o los parados de larga duración. A todos ellos debe llegar el mensaje de la solidaridad y la llamada a colaborar en el bienestar ajeno -que no es otro, sino el común-, ya que ninguna sociedad puede permitirse el derroche de tales potencialidades. En consecuencia, las políticas sociales de promoción del voluntariado deberían reservar un espacio adecuado al aprovechamiento de estos colectivos para la causa social.      

 La lucha por la recuperación de la felicidad a través de la justicia social, debe presidir los esfuerzos y actuaciones que tienen como plataforma el Año Internacional del Voluntariado. Esa lucha debe trascender las fronteras, superando barreras geográficas, sociales, religiosas o culturales, en la búsqueda de la fraternidad universal. Por lo que se refiere, en concreto, a los países del arco mediterráneo, debe potenciarse el establecimiento de redes de cooperación y compensación social, tanto desde los estamentos gobernantes como desde la propia sociedad civil, tendentes a superar en lo posible las actuales desigualdades existentes entre las diversas poblaciones nacionales en el nivel de bienestar social y de igualdad de oportunidades, y a asegurar el respeto de los derechos humanos a los colectivos afectados por los flujos migratorios, sean éstos de carácter económico o político.

      Respeto que se fundamenta en el hecho incontrovertible de que dichos derechos, en su vertiente económica, social y cultural, constituyen el patrimonio inalienable de toda persona.

      En consideración a todo lo anterior, los asistentes a este Congreso se comprometen, en sus respectivos ámbitos de actuación, a renovar su esfuerzo y militancia en la consecución de un mundo más justo e igualitario, socialmente estable y cohesionado, de acuerdo con los postulados de la solidaridad humana.

 Valencia, a 25 de noviembre de 2000

 

Volver